Calle Melancolía …
Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía…
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía…
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19:19:13
Melancolía… con lo bonita que es esta palabra y lo bien que suena… ¿dónde dirías que se esconde? ¿en el corazón?…¿en el cerebro?… frío, frío…
Pobre palabra, además de su ingrato origen etimológico, es además malinterpretada a menudo, se la confunde tantas veces con la tristeza… En palabras de Victor Hugo: “la melancolía es la dicha de estar triste” y en palabras de Juan Echanove: “la melancolía es un estado de ánimo situado entre el ombligo y la lágrima”…
Muchas veces tenemos esa sensación, querer salir de un estado y sentir que, cuando estamos decididos, el tranvía ya ha salido, otra oportunidad que perdemos. Yo, en mi humilde opinión, creo que ningún tren sale sin ti, si es el que has de tomar, ése siempre espera en las sombras, invisible, silencioso, esperando paciente el momento de silbar. Además, a veces es necesario que el tren haya partido para poder permanecer en la melancolía, no es nada malo, todo lo contrario, es un aprendizaje.