Cerrar los ojos …
Ha vuelto. Lo sabía. Sabía que lo haría. Ha vuelto de la misma manera que otras veces: porque necesitaba seguir viviendo, explorando, tratando de ver qué le aguardaba en el mundo… Ha hecho lo que tenía que hacer, ha estado en el mundo y ha vuelto. Me di cuenta de que repetía algo que le he oído demasiadas veces ya: que ha vuelto porque me necesita. Sentí un leve vértigo. Comprendí que había una gran distancia entre lo que decía y lo que oía yo. Le pedí que no dijera aquellas cosas… Ahora era yo quien no aceptaba ciertas palabras. La pureza y la autenticidad de que hablaba no existían en el mundo, eran un reflejo de su ansiedad por encontrarlas, y como no lograba dar con ellas, me las atribuía a mí. Le dije que lo que me decía carecía por completo de sentido. Le pedí que me contara otras cosas, y a medida que lo hacía vi con claridad qué era lo que no acababa de encajar: No ha vuelto por mí. Me necesita, pero no como yo hubiera querido. Ha vuelto porque le han hecho daño. Entonces se lo pedí. Le pedí que se fuera, que me dejara, que siguiera adelante con su vida. Me miró en silencio y volviendo en sí me dijo: “Hasta siempre”. Cerré los ojos agradeciéndolo… (Extracto de Eduardo Lago en “Llámame Brooklin”)
A veces nos cuesta tanto cerrar los ojos …