Thursday, November 23, 2006

MELODÍA DE ATARDECER …

Atardece en la pequeña aldea,

el Sol se ha ocultado antes de las ocho.

Dos niños pasean por el largo verde camino de vuelta a casa.

Pablo, “El Guerrillero” como le llaman, divisa una piedra a lo lejos,

y cansados por largo camino que llevan recorrido,

deciden sentarse sobre ella.

Es algo tarde pero prefieren no llegar exhaustos a sus casas.

Sus madres pueden volver a decirle que han tardado demasiado y

que a esa hora hay muchos peligros.

Pero a ellos no les importa. Están agusto y necesitan descansar.

Daniel, el otro chico, empieza a cantar.

Pablo le acompaña. Es la excusa perfecta para hacer que el tiempo haga su parada y se detenga en sus mentes,

en aquella piedra. En aquel camino.

Y entre los dos, empiezan a crear, sin ser conscientes de ello,

una melodía bajo aquel rosado y relajado atardecer..

Con un pausado ritmo entonan aventuras vividas,

deseos y fantasías, que ni ellos mismos se habían parado a pensar antes.

Imaginan que tienen un barco, que van a una isla desierta.

¿Qué llevarías a tu isla, Dani? - pregunta Pablo, con gran curiosidad.

-Pues, no sé, mis juguetes preferidos.

-Sí, pero en una isla desierta estarías solo. ¿Con quién jugarías?

-Es verdad, no tendría a mis amigos para jugar con ellos. ¿Me puedo llevar a mis amigos?

-Eso no vale. Dijimos cosas materiales.

-Jo, es verdad. Bueno, pues …. dice Dani, casi meditando.

-Podrías jugar con tus amigos imaginarios.

Yo me llevaría a la isla mi “imaginación”.

-Sí, pero eso lo llevamos siempre en nuestro interior. Eso es fácil: puedes imaginar que juegas con ellos pero acabarías dándote cuenta que no hablan, y sería como si hablaras contigo mismo. No sé, no sé…

-Bueno, pero es mi isla, yo me llevo lo que yo quiero. - dice Pablo muy convencido de sus palabras.

Además, hay otras muchas cosas.

-¿Sí? ¿Cómo cuáles?

-Mira, ¿ves esa oruga? (la coje en su mano).

-Sí, es muy bonita.

-Pues si estuviera en mi isla, sería un amigo mío. Yo puedo hacer que lo sea. Sólo tengo que creerlo. Si yo lo creo, nadie puede hacer que cambie de idea. A eso le llaman “ideas propias”.

-Sí, eso es verdad. Pero puede venir alguien a la isla y rebatarte tu oruga, ¿no? ¿entonces qué harías?

-No, eso no pasaría. Sería mi fiel amiga y no dejaría que le pasara nada malo. No intentaría perderla porque me preocuparía por ella.

-¿Y si no quiere ser tu amiga? ¿La retendrías?

-No, no tengo porque retener a alguien si no quiere. A eso le llaman “Libertad”. Y mi isla es muy democrática.

De todas formas no creo que mi oruga me diera de lado. Soy yo quien la cuida y en cierto modo, tendría dependencia de mí.

-Pero entonces, ¿no existiría libertad, no? No sería ella misma.

-Yo sólo sería su apoyo, pero ella debe saber que tiene que ser ella misma. Y, aunque decidiera irse, yo sólo tendría que estar de acuerdo y aceptar su decisión. A eso le llaman “respeto” - argumenta Pablo.

-Sí, tienes razón.

-Ahora que lo pienso creo que me la voy a llevar a mi casa.

-¿Y eso, porqué?

-Pues porque no se ha despegado de mí desde que la he cogido. A eso le llaman “apego”- dice Pablo sonriendo.

-Sí, es verdad. Creo que he entendido lo que has dicho antes.

Durante una secuencia corta de tiempo, el silencio invadió el oscuro atardecer que envolvía a aquellas dos criaturas. Se miraron y comprendieron que tenían que volver a casa. Andaron algo más deprisa por la debida tardanza. Casi había anochecido. Dani, que vivía en las primeras casas de la aldea, se despidió de Pablo. Casi a dos metros, alejado de Pablo, le preguntó:

-Bueno, Pablo, y …. ¿tú qué te llevarías a la isla desierta?

-¿Yo? … - se quedó pensativo durante unos segundos.

Yo…. sería tu oruga.

Posted by Niura at 20:48:51 | Permalink | Comments (3)