LA PARTIDA DE AJEDREZ …
“Jugaremos una partida de ajedrez,
apretando los ojos sin párpados y
aguardando la llamada a la puerta.” (T.S. Eliot)
Es el tablero, el espacio mutuo que compartimos,
ponte en un lugar, donde siempre pueda contar contigo.
Si te acercas, consideraré tus movimientos como un apoyo
donde me quedaré escuchándote. Ten cuidado con avanzar de
manera peligrosa porque las damas siempre acaban por comérselas a todas.
Pero si lo estimas conveniente lo dejamos a tablas;
y nos quedamos con lo vivido, o damos la partida por zanjada;
O por el contrario, empezamos de nuevo y jugamos otra partida;
Ya que, a veces, jugamos con las fichas equivocadas.
Tú, las blancas; y yo, las negras. Yo, las negras; y tú, las blancas.
A pesar de todo te diré un secreto:
me quedo con lo vivido,
y con las ganas de jugar una buena partida.
Yo me situaré en el lugar donde siempre me encuentres. Me acercaré siempre porque quiero que me escuches y quiero escucharte. Y avanzaré, no me importa que me comas, dama. Me quedo con lo vivido, sí, por supuesto, siempre, y nunca daré por zanjada nuestra partida, por que a tu lado quiero jugar miles de partidas, es más, cada día querré comenzar una nueva partida. Y no, no elegimos equivocadamente, cada vez que elegimos aprendemos algo, y ello no es equivocación, es enriquecimiento. Me da igual blancas o negras, las que tú deseches cojo yo, porque lo importante no es con qué juego, sino con quién. Y te diré yo a ti también otro secreto: Me quedo con lo vivido, y sí, quiero jugar, no otra, sino infinitas buenas partidas contigo, amore. Chiqui, no cambies nunca. Te quiero un montón, lo sabes, verdad? Besitos de nomo, amiga.
Cuando reflexionamos sobre cosas vividas, todos nos damos cuenta de que, en ocasiones, hemos jugado con la ficha equivocada. A veces, eliges tú el color con el que deseas jugar y, otras, son los demás los que empiezan eligiendo. Pero, ya en la partida, tú eres el único que puede decidir el movimiento. Y juegas esa partida de la forma que mejor sabes, avanzas en ella valiéndote de los recursos que se te presentan. No importa si ellos te llevan a la derrota o a la victoria. Cada partida es una nueva posibilidad de mejorar tus movimientos, de reforzar tus estrategias. Y, en realidad, en todas se acaba ganando.
Cuando yo reflexiono sobre situaciones vividas que terminaron regular, mal o realmente mal, siempre llego a la misma conclusión: tenía las fichas buenas y la partida a huevo, y terminé perdiendo. ¿Cómo pudo suceder? También sobre esto he reflexionado profundamente, horas, días seguidos, y mi conclusión es la siguiente: sigue jugando, porque los errores cometidos si no se pueden solucionar, al menos se pueden evitar en la siguiente partida.