Anoche …
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco…
Creo que , a partir de ahora, voy a hacer uso de la calefacción …
Anoche pasé frío y me desenamoré un poco…
Creo que , a partir de ahora, voy a hacer uso de la calefacción …
Atardece en la pequeña aldea,
el Sol se ha ocultado antes de las ocho.
Dos niños pasean por el largo verde camino de vuelta a casa.
Pablo, “El Guerrillero” como le llaman, divisa una piedra a lo lejos,
y cansados por largo camino que llevan recorrido,
deciden sentarse sobre ella.
Es algo tarde pero prefieren no llegar exhaustos a sus casas.
Sus madres pueden volver a decirle que han tardado demasiado y
que a esa hora hay muchos peligros.
Pero a ellos no les importa. Están agusto y necesitan descansar.
Daniel, el otro chico, empieza a cantar.
Pablo le acompaña. Es la excusa perfecta para hacer que el tiempo haga su parada y se detenga en sus mentes,
en aquella piedra. En aquel camino.
Y entre los dos, empiezan a crear, sin ser conscientes de ello,
una melodía bajo aquel rosado y relajado atardecer..
Con un pausado ritmo entonan aventuras vividas,
deseos y fantasías, que ni ellos mismos se habían parado a pensar antes.
Imaginan que tienen un barco, que van a una isla desierta.
¿Qué llevarías a tu isla, Dani? - pregunta Pablo, con gran curiosidad.
-Pues, no sé, mis juguetes preferidos.
-Sí, pero en una isla desierta estarías solo. ¿Con quién jugarías?
-Es verdad, no tendría a mis amigos para jugar con ellos. ¿Me puedo llevar a mis amigos?
-Eso no vale. Dijimos cosas materiales.
-Jo, es verdad. Bueno, pues …. dice Dani, casi meditando.
-Podrías jugar con tus amigos imaginarios.
Yo me llevaría a la isla mi “imaginación”.
-Sí, pero eso lo llevamos siempre en nuestro interior. Eso es fácil: puedes imaginar que juegas con ellos pero acabarías dándote cuenta que no hablan, y sería como si hablaras contigo mismo. No sé, no sé…
-Bueno, pero es mi isla, yo me llevo lo que yo quiero. - dice Pablo muy convencido de sus palabras.
Además, hay otras muchas cosas.
-¿Sí? ¿Cómo cuáles?
-Mira, ¿ves esa oruga? (la coje en su mano).
-Sí, es muy bonita.
-Pues si estuviera en mi isla, sería un amigo mío. Yo puedo hacer que lo sea. Sólo tengo que creerlo. Si yo lo creo, nadie puede hacer que cambie de idea. A eso le llaman “ideas propias”.
-Sí, eso es verdad. Pero puede venir alguien a la isla y rebatarte tu oruga, ¿no? ¿entonces qué harías?
-No, eso no pasaría. Sería mi fiel amiga y no dejaría que le pasara nada malo. No intentaría perderla porque me preocuparía por ella.
-¿Y si no quiere ser tu amiga? ¿La retendrías?
-No, no tengo porque retener a alguien si no quiere. A eso le llaman “Libertad”. Y mi isla es muy democrática.
De todas formas no creo que mi oruga me diera de lado. Soy yo quien la cuida y en cierto modo, tendría dependencia de mí.
-Pero entonces, ¿no existiría libertad, no? No sería ella misma.
-Yo sólo sería su apoyo, pero ella debe saber que tiene que ser ella misma. Y, aunque decidiera irse, yo sólo tendría que estar de acuerdo y aceptar su decisión. A eso le llaman “respeto” - argumenta Pablo.
-Sí, tienes razón.
-Ahora que lo pienso creo que me la voy a llevar a mi casa.
-¿Y eso, porqué?
-Pues porque no se ha despegado de mí desde que la he cogido. A eso le llaman “apego”- dice Pablo sonriendo.
-Sí, es verdad. Creo que he entendido lo que has dicho antes.
Durante una secuencia corta de tiempo, el silencio invadió el oscuro atardecer que envolvía a aquellas dos criaturas. Se miraron y comprendieron que tenían que volver a casa. Andaron algo más deprisa por la debida tardanza. Casi había anochecido. Dani, que vivía en las primeras casas de la aldea, se despidió de Pablo. Casi a dos metros, alejado de Pablo, le preguntó:
-Bueno, Pablo, y …. ¿tú qué te llevarías a la isla desierta?
-¿Yo? … - se quedó pensativo durante unos segundos.
Yo…. sería tu oruga.
Km 0, página en blanco y retazos de colores.
km 2, susurrar; otra forma de acariciar el alma.
Km 4, oír, ver y callar; contar secretos a la almohada.
Km 6, no mirar hacia atrás con tanto énfasis;crea tu melancolía infinita.
Km 8, en un intervalo mínimo de tiempo; la cantidad de sensaciones que se transmite asombra.
Km 10, en tu abrazo, abrazo lo que existe.
Y tener el depósito medio lleno para que llegue a vaciarse y poder llenarlo,
pero no por completo, sino en su justa medida, para llegar a la esencia de uno mismo,
para continuar sintiéndonos vivos desde el kilómetro cero de cada etapa de nuestras vidas.
Una carretera que se divide en tres caminos.
Tres caminos que llegan a la misma carretera.
Al ser caminos distintos siempre van por la misma carretera, aunque cojan atajos, aunque tengas más curvas, aunque vayan en sentido contrario, aunque pasen debajo o por encima de algún puente…
Definitivamente, estos tres caminos seguirán siendo únicos aunque hayan muchos kilómetros por recorrer.
Callar es….
mucho más que quedarse mudo.
Es reconocer la existencia de la otra persona,
respetar el espacio del otro.
Es abrir un espacio a aquello que es profundo e invisible a los ojos,
y que sólo se puede escuchar con el corazón.
Por la noche mirarás las estrellas.
No te puedo mostrar donde se encuentra la mía,
porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así.
Mi estrella será para ti una de las estrellas.
Entonces te agradará mirar todas las estrellas…
Todas serán tus amigas.
(Antoine de Saint-Exupéry)
“Jugaremos una partida de ajedrez,
apretando los ojos sin párpados y
aguardando la llamada a la puerta.” (T.S. Eliot)
Es el tablero, el espacio mutuo que compartimos,
ponte en un lugar, donde siempre pueda contar contigo.
Si te acercas, consideraré tus movimientos como un apoyo
donde me quedaré escuchándote. Ten cuidado con avanzar de
manera peligrosa porque las damas siempre acaban por comérselas a todas.
Pero si lo estimas conveniente lo dejamos a tablas;
y nos quedamos con lo vivido, o damos la partida por zanjada;
O por el contrario, empezamos de nuevo y jugamos otra partida;
Ya que, a veces, jugamos con las fichas equivocadas.
Tú, las blancas; y yo, las negras. Yo, las negras; y tú, las blancas.
A pesar de todo te diré un secreto:
me quedo con lo vivido,
y con las ganas de jugar una buena partida.
“La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien mientes eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.”
A. Machado
Piensa en las cosas que te hacen sentir,
cada segundo vivir y escapar,
este momento y la gente pasar,
sientes por dentro que todos se van.